por Jorge Rock
En mi barrio hay dos tipos, los dos más ricos del barrio, muy buen pasar, viven uno frente al otro y no se pueden ni ver. Dos soretes, Uno es contratista, el otro vende droga.
En la cuadra también vive Juan, buen tipo, pero está en la mala, desde que nació está en la mala. Tiene dos nenas y su mujer está enferma, hace changas, hace de todo pero no alcanza, nunca alcanza, desde hace mucho tiempo nunca alcanza. Las nenas no tienen para comer y su mujer se muere de a poco. Ninguno de los dos soretes ricos jamás le prestó atención a Juan, ni lo saludan.
Un día Juan, cansado, muy cansado, desesperanzado se le ocurre pedirle trabajo al contratista. Va a la casa, toca timbre, el contratista lo ve por la camarita, y ni le abre la puerta.
Juan se cansa y se va
Al otro día igual, va hasta la casa del contratista, llama, y el sorete ni lo atiende.
Así durante tres meses, todos los días, con lluvia, con sol, todos los días. A pedir un laburo, una changa, lo que sea, y la puerta no se abre, nunca se abre.
El sorete del dealer, que tampoco lo saludaba, ni le había importado nunca Juan ni su familia. Pero que lo ve ir y venir todos los días a la casa del contratista junta, y no por generosidad, unos paquetes de fideos, una leche, un poco de carne y se va a lo de Juan.
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